Hoy he hecho una escapadita al Remolar. Hacía meses que no iba a pajarear. Unos asuntos familiares me han tenido algo entretenido. Ahora que todo está un poco más en calma aprovecho…
Tenía curiosidad de ver cómo estarían de agua los estanques, tras las generosas lluvias de este invierno (uno de los más lluviosos en los últimos años)…
Efectivamente, los estanques estaban completamente llenos. Es más, las compuertas que permiten regular el nivel estaban completamente abiertas. Nada más cruzar el Pont de la Vilada ya empecé a oír el croar de las ranas. Lo que antes eran unos matorrales, hace un tiempo fueron escavados para convertirlos en estanques para anfibios. Y a decir del alboroto que formaban, debían de estar llenos de ellos. Sin embargo, esta vez no fui capaz de ver ninguna rana. Se callaban en el momento que oían cualquier ruido… Vi alguna saltar al agua, pero no las pude fotografiar.
Como es costumbre, me dirigí primero al mirador del Aiguait de la Bassa dels Pollancres, por si dentro de un rato estaba ocupada por algún grupo escolar. Cuando entré, sólo había un fotógrafo, así que pude ponerme donde quise. La verdad es que había bastantes aves, aunque todas muy lejos… Fundamentalmente patos:

Los ánades azulones (Anas platyrhynchos) también hicieron acto de presencia. Llegaron volando unos cuantos:


En el aire también planeaba un aguilucho lagunero (Circus aeruginosus):


Me dirigí al cañizal que está a la izquierda de la caseta. Allí pude captar a un cetia ruiseñor (Cettia cetti):

Llegó el momento de cambiar de mirador. Por el camino me encontré una tortuga que pretendía cambiar de estanque:

Antes de llegar al mirador del Aiguait de la Maresma me detuve en los miradores que quedan más hacia el este, mirando al aeropuerto. Allí me esperaba una lavandera blanca (Motacilla alba). Al sentirse observada no dejó de controlarme por encima del hombro, aunque no salió volando… la barrera del mirador parecía ofrecerle suficiente seguridad:

Llegué finalmente al mirador del Aiguait de la Maresma. Como suele suceder, estaba lleno de fotógrafos. Algún hueco me permitió ocupar un puesto desde el que hacer alguna fotografía. Había un poco más de actividad que en el mirador anterior, pero igualmente las aves estaban la mayoría muy lejos.
En primer plano un gran grupo de gaviotas, de diferentes tipos, ocupaba el islote central. Principalmente había gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), con abundancia de ejemplares jóvenes, y unos cuantos jovencitos también de gaviotas patiamarillas (Larus michahellis):

La verdad es que, allá donde estuvieran las gaviotas, ningún ejemplar de otra especie osaba aproximarse…
Al fondo, unos cuantos ejemplares de ánsares (Anser anser) y de tarro blanco (Tadorna tadorna) compartían espacio sin problemas:

En ese momento, algo hizo que las gaviotas abandonaran el lugar:

Y se perdieron en el cielo, juntamente con una pequeña bandada de cuchara común (Spatula clypeata) que cruzaba sobre la laguna en ese momento:

Una vez evacuadas las gaviotas, la laguna ganó en tranquilidad. Algunos ejemplares empezaron a ocupar las zonas liberadas. Una pareja de azulones (Anas platyrhynchos) disfrutaba de la calma y aprovechó ese momento para celebrar la llegada de la primavera:


En la distancia también se pudieron apreciar algunos ejemplares de cercetas (Anas crecca) y de garceta grande (Ardea alba):


Las fochas (Fulica atra) también estaban presentes, algunas en grupo y otras por su cuenta:


Unos azulones (Anas platyrhynchos) llegaron con intención de amerizar frente a nosotros. Unos de ellos pasó frente a un tarro blanco que parecía ejercer de guardia urbano:


Mientras, un elegante ganso ánsar común (Anser anser) observaba desde la orilla:

Y unas garcetas comunes (Egretta garzetta) correteaban al otro lado, rodeadas de una multitud de patos:


En la distancia de nuevo un aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) (o «el aguilucho lagunero») sobrevolaba mientras una solitaria garza real (Ardea cinerea) buscaba algo que llevarse al pico:


Los flamencos (Phoenicopterus roseus) también estaban presentes en esta zona del Remolar. Un grupito se acicalaba sin demasiadas preocupaciones:

En ese momento llegaron un par de ánsares (Anser anser):

En la otra orilla, un tarro blanco (Tadorna tadorna) y una garceta (Egretta garzetta) competían a ver quién aguantaba más rato a la pata coja:

Otras dos especies que estaban presentes eran el zampullín común (Tachybaptus ruficollis) y el pato colorado(Netta rufina). El zampullín se dejó ver de cerca, pero el pato se mantuvo a buena distancia durante toda la mañana:


Otra focha (Fulica atra) también posó a una distancia prudencial, ocasión que aproveché para inmortalizarla:


De nuevo, el chapoteo de los gansos (ánsares (Anser anser)) llamó mi atención. Parecía como si el ganso «A» estuviera acosando al ganso «B» hasta que consiguió que marchara, harto de sus empujones:


Al parecer, lo que hizo el ganso «B» no fue huir para que le dejaran en paz… lo que hizo fue coger carrerilla para lanzarse de nuevo contra el ganso «A», que estaba saboreando su triunfo y desconectado de lo que pasaba a su alrededor:


Esa fue la venganza del ganso «B». Como decía el sabio: «donde las dan… ¡las toman!».
Dejé a los gansos resolviendo sus diferencias y me centré en un macho de cuchara común (Spatula clypeata) que nadaba en los alrededores:

Los gansos, por otro lado, seguían con sus persecuciones y peleas:

Abandoné el mirador y me dispuse a regresar. Por el camino de vuelta me crucé con dos paseriformes… Uno de ellos (yo creo) era otro cetia ruiseñor (Cettia cetti), y el segundo, que me controlaba también de reojo, me pareció un bonito colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros):


Con esto se acabó mi visita al Remolar.
